sábado, 7 de abril de 2012

La cigarra y la hormiga. Segunda parte del cuento atribuido a Esopo


La hormiga era una hormiga griega, descendiente directa por vía paterna de aquella que, según cuentan, sirvió de inspiración a Esopo para su famosa fábula.

Avatares del destino, hormiguero a hormiguero, desplazándose unas hormigas y otras metros más y más allá, había acabado nuestra protagonista en Atenas, cuna de la civilización europea. Su hormiguero tenía vistas al Partenón, cosa que le hacía sentir un estremecimiento en el pecho de vez en cuando.

La cigarra griega, vecina de toda la vida, se parecía totalmente a su ancestro por parte de madre, aquella cigarra tamborilera que se pasaba el verano tomando el sol y aporreando su violín o lo que fuese eso con lo que hacía ruido… y ya conocemos la vieja historia: algunas hormigas seguían diciéndole a nuestra vaga cigarra:
-“Sí sí, tú pásalo bien mientras puedas, ríete sin parar, disfruta del verano, coge un buen moreno y come todo lo que quieras, pero acuérdate de este momento en el que nosotras estamos dale que te pego al tajo, dejándonos los riñones día y noche, trabajando y trabajando… Acuérdate cuando llegue el frío invierno y llames puerta por puerta a cada uno de los acogedores hormigueros, donde nosotras disfrutaremos del paraíso terrenal que recompensa todo este calvario…”

-“Tu alegría será cosa de unos mesecillos, mientras, nosotras viviremos felices hasta el día de nuestra muerte, que tardará en llegar, pues las inclemencias del destino habrán sido dominadas por nuestro racional y sufrido comportamiento en este caluroso y terrible verano."

La cigarra se quedó mirando fijamente el gesto de las hormigas oradoras, y cuando éstas terminaron, se encogió de hombros y bostezó para tratar de espabilarse, pues le había entrado un sueño  inexplicable. Tras refrescarse la cara con unas gotitas de agua de la boca de riego más cercana, se puso a componer una canción mientras comía un trozo de manzana que había encontrado un par de metros más allá.

Pasaron los meses y el frío empezó a notarse; la cigarra pensó:
“Uy, hace un poco de frío, voy a ver si encuentro al Manuel y hacemos un plan para viajar hacia un sitio algo menos inhóspito, pues recuerdo que las hormigas dejaron de abrir la puerta a mi familia después de que la tercera generación fuera aceptada en el hormiguero por última vez… Mi mamá me contó que cuando ella fue a pedir cobijo, le dijeron:

-“¡Ándá a fregar los platos, boluda! (en este caso eran hormigas venidas de Buenos Aires), ya nos conocemos vuestra historia, andá a laburar en verano y dejá de joder, pedazo de vaga, que de estirpe le viene a la cigarra… y es que no aprendéis, ¿qué os pasa, que no retenéis experiencias vitales fundamentales y por eso no las transmitís de generación en generación para que vuestra estirpe mejore un poco sus condiciones de vida? ¿Venís con el cerebro hueco y así morís? No entiendo cómo todavía existís como especie, extinguíos de una vez”, dixit.

Nuestra cigarra también recuerda lo que su madre le contó esto entre risas, mientras bebía un mililitro de cerveza que se le había caído a un joven que hacía botellón en la plaza de Omonia. Al observar la cara de preocupación de su hijo, le había dicho:

- “¡Ehhh, tú!, ¡Qué pasa! ¿Es que no me ves aquí tan pancha, tomándome una cervecita? Deja de tener miedo de quedarte a la intemperie, es algo que puede que pase y puede que no, pero al fin y al cabo, vida sólo hay una, y si no haces lo que te apetece, te aseguro que serás infinitamente más desgraciada que si vives según lo que quieres y quién eres, sea lo que sea eso. Ya ves que he sobrevivido y estoy aquí contigo viendo pasar el tiempo, y cantando un tema de Nana Mouskuri cuando la garganta me lo permite.

"Somos cigarras, y aunque la mayoría de tus parientes hayan renegado de su especie y se haya teñido de negro y maquillado estilo hormiga para medrar en la sociedad de esta secta calvinista, no olvides que eres libre de decidir si quieres seguir viviendo en el tiempo presente o prefieres vivir en la imaginación futura, creando así también, un pasado imaginario… Oye, que si quieres convertirte al calvinismo, estupendo, pero si el resultado es el absoluto vacío, luego no nos des la monserga…”

Recuerda nuestra joven cigarra que tras las palabras de su madre, relajó los hombros, que se le habían quedado un poco agarrotados al imaginarse en invierno desamparada en la calle, y pensó que era feliz así, haciendo gran esfuerzo diario en mejorar su técnica musical; era con lo que realmente disfrutaba en su vida. Después de ello, incluso le quedaba mucho tiempo para pensar en otras cosas y divertirse. Al fin y al cabo, aunque acabase muriéndose de frío y hambre, habría vivido tanto tiempo, que morir tampoco le parecía tan trágico…

Dejó de imaginar, pues le pareció que ya era suficiente, y se puso a tocar sus tambores; después, quizás, daría una vuelta por las casas de los gusanos y las avispas, a ver qué podía encontrar por aquellos lares.


Y el tiempo pasó y pasó, y el crudo invierno llegó y llegó. La cigarra, tiritando, decidió marcharse a Méjico con Manuel, una paloma a la que le faltaba un ojo y un espolón, pero que tenía mucha calle y muchas horas de vuelo. También arriaba patas una garrapata, que había pactado chuparle un poco de sangre diaria a la paloma a cambio de hacer de relaciones públicas en el remoto país, con el fin de encontrar rápidamente animalejos que les ayudasen a establecerse los primeros días. Entre tanto…


Nuestra hormiga había trabajado y trabajado puntualmente, muchas veces incluso 14 horas por día, sin librar, durante mucho, mucho tiempo; cada vez que flaqueaba en sus esfuerzos, se decía:
“Vamos, vamos, no seas blando... Sí, esto terrible, me encantaría irme con el Roque a tomar un poco el aire al templo de Atenea, y divisar desde allí la bulliciosa ciudad, pero ya tendré tiempo de hacerlo cuando mis fuerzas no me den para trabajar y pueda dedicarme de lleno al disfrute de cada una de las cosas que la vida me ofrece”
Finalmente, la hormiga se jubiló, y por unos 4 ó 5 años disfrutó de sus paseos, a pesar de que ya no podía hacer realidad su sueño de subir hasta el templo a contemplar el panorama, pues dos de sus patas estaban inservibles y no había forma hormiga de llegar allí.


Una mañana despertó debido a un tremendo revuelo que se organizó en el hormiguero: ¡Se llevaban el grano!; hormigas alemanas habían hablado con la reina, a la que dijeron que todos los víveres acumulados tenían que ser embargados, pues las larvas del hormiguero habían participado en una red de apuestas internacional, consistente en la ruleta rusa y el black jack, y habían perdido los víveres de la colonia; además, esa red de apuestas tenía que continuar vigente, y lo que consiguieran acumular de nuevo tras hacerse cargo de las pérdidas, había necesariamente que cederlo a los jugadores, no fuera a ser que la sociedad hormiguil se acabase, y el cielo y la tierra se juntasen de nuevo, y no hubiese distinción entre hormiga y cigarra, caballo y cerdo, caos y orden…

La hormiga reina anunció:
-“Es terrible para nuestra comunidad el entregar a los jugadores todo lo que ha de servir para mantenernos vivos tanto a nivel de necesidades básicas como a nivel social, cultural, etc., pero la alternativa es que el caos reine y no podamos distinguir a nuestro padres de nuestros hijos… Entended esto, ¡es necesario!”


Nuestra hormiga quedó perpleja, sin saber qué ocurriría tras lo anunciado por la reina… Y pasaron los meses, meses y meses, y llamó a las puertas de los hormigueros donde vivían las larvas, pero las puertas eran de un metro de grosor, por lo que se hacía imposible que el ruido de sus antenas al chocar contra ellas atravesase semejante  mole…
Y trató así de buscar forma de comer entre lo que habitualmente se dejaba en la calle por ser excedentes no considerados valiosos, pero había tantas hormigas en su situación, que lo que encontraba no le parecía digno de su hormiguidad… Y pensó y pensó, y se sintió desgraciada, triste, triste, triste… y sus compañeros hormigas también estaban tristes, tristes, y sus hijos, que no eran larvas, estaban tristes, tristes, y todo Atenas estaba triste… Y un día, de pie y en medio de la plaza de Sintagma, puso un alfiler con la punta hacia arriba, sujeto con un montoncito de tierra del hormiguero, y anunció a voz viva a las demás hormigas que deambulaban, tristes, tristes, por allí:

-“¡No quiero vivir así!, no es justo; la promesa de un paraíso terrenal donde todas las necesidades básicas iban a estar más que cubiertas en mi acogedor hormiguero ha sido una mentira que creí tan verdad como que soy una hormiga… ¿Acaso no es mentira también que soy una hormiga? Malditas seáis, larvas, os hice dueñas de mi destino sin darme cuenta… Soy quien fui, pero ¡qué lástima!

Acto seguido, se dejó caer boca arriba sobre el alfiler, el cual le atravesó la cabeza.

miércoles, 4 de abril de 2012

poesía perfecta. don´t think twice

Una canción perfecta, un poema perfecto:
El quiebre amoroso duele duele duele...
Expresión, definitiva también, de lo absoluto y rotundo del Amor.

Y es que amor es apertura a la vida, la vida tal cual, y eso es la canción.
Y todo aquel que haya estado enamorado de un hombre o una mujer,
no puede no sentir un terrible estremecimiento en la boca del estómago
que retumba hasta la cabeza
ante la muerte de algo que sin duda estuvo fuera del alcance del tiempo...
pero, sorprendentemente, estuvo fuera sólo por un momento.
La paradoja es, como vemos, parte esencial del sentido.

La presencia del quiebre amoroso en su estado de intuición más plena, más directa, más perfecta.
Es la certeza de haber perdido, muerta,
la sensación de amar a alguien de ese modo.

...Terrible, sublime y soportable al mismo tiempo, en cuanto que las verdades divinas, es decir, eternas, sólo permanecen en nuestra sensibilidad durante determinado momento de modo absoluto, es decir, infinito.

Duele brutalmente  perder la explosión de la comprensión intuitiva junto a otro.